La ética en el diseño y el branding

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La ética en el diseño y el branding

Periodistas, médicos, conductores, pilotos… son muchas las profesiones que cuentan con códigos éticos para el desarrollo de sus actividades. Suelen ser profesiones que tienen una influencia directa sobre el conjunto de ciudadanos de uno u otro modo. Esto también sucede en otras profesiones como la comunicación, el diseño o el marketing, sin embargo, no se cuenta con un código ético que paute o regule los límites de actuación.

Se trata de unas profesiones con evidentes implicaciones éticas. El branding se encarga de acercar al público y a los consumidores los productos, servicios y las marcas desde diferentes perspectivas, construyendo la percepción que se tiene de estos puntos. Los productos del branding pasan a formar parte de la cultura contemporánea alcanzando a millones de personas que reciben el mensaje transmitido.

El branding es el encargado de transmitir los valores de una marca, comunicar quién es y qué es lo que hace. Pero, en muchas ocasiones, esto implica tratar con marcas poco transparentes, cuyos valores no son positivos, no están definidos o, directamente, no están cuidados. En esas ocasiones tendríamos que contar con un código ético que poder consultar y que sirva de guía para todos los profesionales del sector.

Como diseñador hay que plantearse puntos como si este proyecto será un producto engañoso para el consumidor o si este branding ayudará a perpetuar comportamientos no éticos. Está claro que estas consideraciones son muy interpretables y subjetivas, pero hay que establecer unos filtros mínimos de análisis de la marca para saber aspectos básicos como si desarrolla actividades ilegales, maltrata a los trabajadores, si respeta al medio ambiente o si tiene una buena relación con la comunidad.

Como profesionales del diseño y del branding, nos encontraremos más de una vez con proyectos que consideremos no éticos, cuyo impacto sea negativo para la sociedad o para algún colectivo. Al no contar con un código ético base por el que guiarse, solo podemos ejercer la objeción de conciencia. Se trata de algo poco habitual en el sector, pero es bueno recordar que uno no tiene porqué realizar trabajos que no comulguen con su código ético.

Recordemos que el branding busca una comunicación honesta con el público, y este tiene derecho a obtener información verídico y clara sobre las marcas para poder elegir. El branding nunca debe ocultar la realidad de la marca para la que se trabaja. La honestidad, la franqueza y el respeto han de formar parte del código ético de todos los diseñadores.

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